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Casa in Várzea II
Maia
1993

Vivir una casa es una cosa muy especial, porque se hace intimo. El acto de diseñarla también.
Construir dos en el mismo lugar y a la vez, es un gran desafío.

Las personas pertenecen a la misma familia, pero son diferentes; así como el programa.
Se pretende una imagen de unidad, pero también de individualidad, cruzándose los lenguajes. Lenguajes que buscan construir un solo cuerpo.
“El estilo no cuenta: si cuenta la relación entre la obra y la vida; el estilo es un resultado de esa relación.” (1)

El solar es estrecho y alargado, con dos frentes por las que se tiene acceso.
La división del solar prevé la construcción de tres casas. El proyecto contempla dos.
Se dibuja un muro de granito que une los dos lados del terreno. Es un camino.
Protege de la lluvia, que viene del sur, y de las miradas más indiscretas. Entre el muro y el límite del terreno se quedan los mejores árboles.
Las construcciones se sitúan a lo largo de ese muro/ camino.

La casa más baja casi ocupa todo el ancho del solar.
La otra, más alta, distribuye su programa en tres unidades que puntualizan el camino.
En el medio, queda un espacio que pertenece a las dos.
Una, es un volumen bien definido posado en el terreno, un contrapunto necesario a la domínate horizontal del conjunto. Dentro, el espacio es casi uno solo, para ser inmediatamente entendido. En la relación con los cuerpos bajos que la complementan, se apropia de su espacio exterior. Lo mira atentamente, desde lo alto de sus ventanas.
En la otra, los límites del espacio son menos precisos. La casa se deja compartimentar por los muros de granito que la atraviesan. Interior y exterior se hacen complementarios bajo el plano de la cubierta que abriga aquella parte de terreno.
Dos formas de diseñar una casa, dos imágenes que se complementan dando forma a una idea de conjunto.